Dengue Zika Chikungunya Cuba
Categories
Recent Comments

    Científico cubano cuestiona secretismo epidemiológico

    En una revista de salud cubana, el Dr. Luis Suárez Rosas escribe que la

    política de ocultar las epidemias es antiética y entorpece la respuesta.

    TAMAÑO DEL TEXTO

    Rolando Cartaya

    julio 09, 2013

    En una entrevista la semana pasada con el sitio oficialista Cubadebate,

    ante una pregunta sobre la encrucijada de la prensa oficial, el sucesor

    aparente de Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel, llamó a "terminar con la

    gente que sigue practicando el secretismo", y afirmó que "el pueblo

    tiene derecho a que lo informemos".

    Dos días más tarde martinoticias.com supo por opositores, periodistas

    independientes, y médicos que hablaron a condición de no ser

    identificados, que en la provincia de Matanzas hay veintenas de personas

    internadas o en cuarentena debido a la presencia de casos de cólera en

    cinco municipios.

    Sin embargo, ni medios oficiales como Radio 26, ni las autoridades

    médicas de la provincia han cumplido con el deber de informar al pueblo

    de qué se trata. En su lugar, se recomiendan medidas sanitarias típicas

    para prevenir el cólera pero sólo se mencionan vagas "enfermedades

    gastrointestinales agudas"

    Mientras tanto un profesor titular de la Escuela Nacional de Salud

    Pública de Cuba, e historiador de la salubridad en la isla, acababa de

    escribir en una revista especializada sobre la "lamentable ética" y los

    peligros que entraña el secretismo en el campo de la epidemiología.

    En su artículo "El silencio epidemiológico y la ética de la Salud

    Pública cubana" el doctor Luis Suárez Rosas escribe:

    "La existencia o no de una cantidad de casos de una enfermedad es uno de

    los aspectos y cuestiones de la salud pública susceptibles de una

    particular y específica consideración ética que requiere una

    transparencia informativa responsable y veraz que llegue a individuos y

    colectividades sin mutilar, ocultar o secuestrar información. En

    numerosas ocasiones esto se convierte en una cuestión de vida o muerte".

    ¿UN ENEMIGO DE LA REVOLUCIÓN?

    El doctor Suárez Rosas está lejos de ser lo que la propaganda oficial

    llama "un enemigo de la revolución". Su curriculum indica que es

    "Profesor Titular de la Escuela Nacional de Salud Pública; Ex Decano de

    la Facultad de Salud Pública del Instituto Superior de Ciencias Médicas

    de La Habana y Ex Decano de la Facultad de Estomatología del Instituto

    Superior de Ciencias Médicas de La Habana".

    En alguno de sus escritos cita con entusiasmo al Che Guevara y habla de

    "la vital tarea de la integración martiana y bolivariana en nuestras

    tierras".

    Pero en su ensayo sobre la omisión de información ante brotes de

    enfermedades infecciosas en Cuba, el doctor Suárez Rosas antepone el

    deber científico a la unanimidad revolucionaria, advirtiendo que "cuando

    el silencio epidemiológico no se corresponde con la realidad, no

    contribuye ni a la disminución de los casos sospechosos y enfermos ni a

    una percepción real del riesgo de la potencial gravedad del dengue como

    enfermedad y de la necesidad de la eliminación de su principal agente

    transmisor".

    El experto en Salud Pública no se anda con rodeos: "En Cuba existe un

    silencio epidemiológico, en el caso del dengue como enfermedad, que se

    rompe en ocasiones con artículos que aparecen en la prensa donde se

    destaca la lucha contra el mosquito Aedes aegypti y la necesidad de que

    la población aumente la percepción del riesgo acerca de este vector para

    evitar las enfermedades que puede transmitir".

    "Mientras todo esto ocurre, desde hace meses el rumor popular habla de

    hospitales habaneros dedicados enteramente a la atención de casos de

    dengue, defunciones por esta causa y las familias confirman la presencia

    de la enfermedad entre sus propios miembros y vecinos sin que exista una

    información oficial al respecto".

    La primera pista hacia el divergente ensayo del doctor Suárez Rosas la

    ofreció en el sitio de la Red Observatorio Crítico otro científico, el

    especialista en Radiofísica del Instituto de Neurología y Neurocirugía

    Rogelio Manuel Díaz Moreno.

    El colaborador de Observatorio Crítico cita una referencia del autor del

    ensayo: Cuba no envió informes sobre casos de dengue en 2012 a la

    Organización Panamericana de la Salud. Dice Díaz Moreno: "Yo, en

    particular, no necesito esos reportes oficiales, ya que tuve a mis dos

    padres ingresados –simultáneamente– por esa causa".

    LA PRIMERA DE MUCHAS

    En su trabajo crítico, el doctor Suárez Rosas fundamenta sus

    observaciones en una documentada historia de la salubridad y la

    epidemiología en Cuba, que a diferencia del proceder de la

    historiografía tradicional, no inicia en 1959. También recuerda el

    titánico esfuerzo que se libró en Cuba contra la primera y devastadora

    epidemia de dengue de 1981, que dejó 158 muertos y afectó a más de

    344.000 cubanos.

    El autor era entonces Director Municipal de Salud en San José de las

    Lajas. Sus memorias son dramáticas: "Todavía tengo frescas en mi memoria

    las imágenes del entonces Hospital Materno Infantil 'Leopoldito

    Martínez' de la cabecera municipal, colmado de niños enfermos, y el

    suelo impregnado de la sangre de sus hematemesis", escribe. La plaga

    pudo ser contenida en tres meses.

    En aquel momento el gobierno cubano, incluso por boca del gobernante

    Fidel Castro, identificaba al dengue con todas sus letras.

    16 años más tarde, en 1997, el médico santiaguero Desi Mendoza Rivero

    fue condenado a 8 años de prisión bajo la figura delictiva de Propaganda

    Enemiga, por alertar sobre un brote de dengue en Santiago de Cuba más

    limitado que el de 1981

    UN TEMA TABÚ

    Desde entonces la política sobre las epidemias ha consistido en

    encubrirlas, en particular las defunciones.

    El año pasado el dengue–una plaga estacional– volvió a asolar al país.

    Causó los mayores estragos en la ciudad de Camagüey, donde los

    hospitales no daban abasto y hubo que habilitar escuelas y otros locales

    para alojar a más de 3.000 enfermos. El periodista Calixto Ramón

    Martínez, de la agencia independiente Hablemos Press pudo confirmar la

    muerte de al menos dos personas. Pero la prensa oficial continuó

    hablando de combatir al vector. Martínez fue encarcelado un par de meses

    después. La OPS no recibió reportes de casos en Cuba.

    Por aquellas fechas, a modo de ilustración sobre esta reticencia a

    admitir las epidemias, expusimos en un reportaje para martinoticias cómo

    el titular de un artículo publicado en la web oficial Cubadebate rezaba:

    "Autoridades cubanas piden apoyo de la población para erradicar el

    Aedes", mientras que la dirección URL del mismo artículo (que todavía se

    conserva en Internet) usaba la palabra "dengue":

    EL FACTOR TURISMO

    ¿Qué cambió en Cuba entre 1981 y 1997 para que de la franqueza sobre las

    epidemias se pasara a encubrirlas o designarlas con eufemismos? Mucho

    cambió, pero una consecuencia directa de la caída del comunismo en

    Europa fue que el turismo extranjero desplazó a la industria azucarera

    como locomotora de la economía cubana. Y el gobierno de la isla sabe que

    la presencia –reconocida– de un brote infeccioso en el país receptor

    vacía los hoteles de turistas.

    En su ensayo, publicado en una revista de limitada circulación, el

    doctor Suárez Rosas recuerda que en medio de la epidemia de 1981 Fidel

    Castro expresó que Cuba "por su organización, por el nivel de cultura de

    su pueblo, por el espíritu de disciplina y de trabajo que tiene nuestro

    pueblo", podía erradicar el mosquito.

    Luego, el experto en Salud Pública afirma que "tres décadas después de

    pronunciadas estas palabras el principal transmisor del dengue, el

    mosquito Aedes aegypti, no ha logrado ser erradicado definitivamente de

    Cuba y la enfermedad nos sigue afectando". Pero sus conclusiones, aunque

    valientes, son como la voz del que clama en el desierto.

    CONVENIENCIA VS ÉTICA

    No admitir la presencia de una enfermedad infecciosa en un país, como se

    ha hecho con el dengue, el brote de fiebre porcina en 2009 y la

    propagación ulterior a casi todas las provincias del brote de cólera que

    se registró en 2012 en Manzanillo y que el gobierno pronto dio por

    concluido, complica por una parte la participación ciudadana en la lucha

    contra estos males. Se ha hecho notorio en ese sentido como, ajenos a la

    inmediatez del peligro, muchos cubanos se resisten a las fumigaciones y

    la colocación de larvicidas en el agua contra el mosquito Aedes Aegypti,

    transmisor del dengue.

    Pero esta renuencia a reconocer también limita la orientación adecuada.

    Durante la epidemia del 2012 en Cuba, el especialista colombiano en

    dengue Dr. Fredi Alexander Díaz-Quijano nos hizo varias valiosas

    advertencias sobre el dengue hemorrágico.

    Mencionó el peligro de empeorar un caso si contra la fiebre se toma

    duralgina o dipirona, un antipirético de amplio uso en Cuba; la

    probabilidad de desarrollar la variante hemorrágica cuando ya se ha

    padecido el dengue clásico; Y nos habló también de síntomas a vigilar:

    vómitos con sangre, sangrado gastrointestinal, o pintas de sangre en la

    piel; dolor abdominal fuerte y persistente; y alteraciones neurológicas

    como el estupor.

    ¿Cómo "informar al pueblo" estas cosas omitiendo que se trata de dengue?

    Hasta el día de hoy, estos conocimientos sólo se transfieren en Cuba por

    vía oral a grupos poblacionales muy pequeños, en materiales impresos, o

    de manera ambigua –procurando no crear sobresaltos a nacionales y

    extranjeros– a través de los medios de comunicación.

    El doctor Suárez Rosas termina su ensayo crítico recordando que por

    cientos de años los sanitaristas cubanos, desde Tomas Romay y Carlos J.

    Finlay hasta los contemporáneos, se consagraron a la creación y

    consolidación de un sistema nacional de salud sobre sólidas bases

    éticas. Y advierte que en las actuales circunstancias, la ética "se ha

    convertido en un aspecto clave y una necesidad imperiosa e

    impostergable, porque sin ética no hay solución posible y sostenible a

    los problemas que enfrentamos".

    Source: "Científico cubano cuestiona secretismo epidemiológico" –

    http://www.martinoticias.com/content/article/24229.html

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *