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    La Habana tose y se rasca
    Los productos químicos empleados en la lucha contra el ‘Aedes aegypti’
    aumentan los problemas en personas con alergias
    ZUNILDA MATA, La Habana | Abril 06, 2016

    El Aedes aegypti no cede. Seis semanas después del comienzo de la
    segunda campaña de este año para eliminar al transmisor de los virus del
    zika, el dengue y el chikungunya, los índices de infestación no han
    disminuido como se esperaba y el malestar se extiende en la población
    debido a las intensas fumigaciones y a la pérdida de privacidad que esto
    provoca en sus viviendas.

    Con la movilización de unos 9.000 efectivos de las Fuerzas Armadas y 200
    policías que se han sumado a la campaña contra el peligroso vector, Cuba
    vive una nueva batalla apenas interrumpida por la visita del presidente
    de Estados Unidos, Barack Obama, a la Isla. En las calles de La Habana
    van y vienen los camiones con militares, a la par que los uniformados
    amenazan con multas a quienes no abren las puertas de sus casas para una
    inspección sanitaria.

    A pesar de la sensación de estado de sitio, crecen las quejas sobre los
    efectos secundarios de los productos que se están usando para la
    fumigación en el sector residencial y los espacios públicos. El terror
    de muchas personas con alergia son las bombas de fumigación, conocidas
    popularmente como bazucas, que irrumpen en las casas sin que nadie pueda
    impedirlo.

    Los medios oficiales advierten sobre el peligro que representa el
    pequeño enemigo volador, pero un número creciente de ciudadanos rechaza
    los métodos que se están empleando para su erradicación. “Así no se
    puede vivir”, se queja Niurka, vecina de la calle Obrapía en La Habana
    Vieja, que asegura que su hijo de tres años “no para de toser por la
    madrugada desde que empezó esta locura”.

    El aire huele a petróleo y varios vecinos de la cuadra de Niurka
    especulan con la posibilidad de que el problema principal radique en que
    el producto de la fumigación esté “santiguado” (adulterado). La sospecha
    no suena para nada delirante. La reventa en las redes ilegales de parte
    del plaguicida sustraído de la campaña oficial contra el Aedes aegypti
    hace que los empleados que lo roban lo sustituyan por carburantes.

    “Me caí con el aceite que quedó en el piso después que pasó la bazuca”,
    cuenta una anciana vecina de la avenida Porvenir en Lawton. Su
    experiencia como trabajadora en la empresa de gas manufacturado le hace
    sospechar que el producto utilizado en su vivienda no era el correcto.
    “Además, llegaron como si fueran los dueños de la casa”, protesta.

    La pasada semana, el ministro de Salud Pública, Roberto Morales Ojeda,
    advirtió de que “adulterar la mezcla empleada para la fumigación atenta
    contra la salud del pueblo y el buen funcionamiento de los equipos y se
    favorece entonces la proliferación del vector”. El funcionario
    puntualizó que la calidad del trabajo de las brigadas antivectoriales
    “debe ser objeto de supervisión constante”.

    El uso de plaguicidas químicos en esta campaña de erradicación provoca
    un fuerte rechazo entre la población, que lo asocia con el aumento que
    perciben de ataques de asma, alergias, dolores de cabeza e irritación en
    los ojos. La utilización de productos biológicos es prácticamente nula a
    pesar de la existencia de grupos empresariales de investigación y
    producción, como Labiofam.

    Una empleada de este laboratorio, líder en la fabricación de
    medicamentos en Cuba, aseguró a este diario, bajo condición de
    anonimato, que “lamentablemente apenas se usan biolarvicidas que serían
    menos perjudiciales para el medio ambiente y causan menos daño a la
    salud humana”. Según la especialista “el país debe invertir más en la
    extensión de estos métodos de erradicación del mosquito, porque lo que
    hemos usado hasta ahora evidentemente no está dando el resultado que
    esperamos”.

    Vecinos del municipio habanero de Regla han presentado en las últimas
    semanas cuadros de alergia provocados por las frecuentes fumigaciones en
    sus viviendas, informó a este diario una fuente en el policlínico de la
    localidad. “Vienen muchos niños y personas mayores para recibir aerosol,
    porque tienen problemas para respirar después de que les fumigan las
    casas”, agrega la fuente.

    Sonia es una de las vecinas de la localidad afectadas por los productos
    utilizados para combatir al Aedes aegypti. A sus 77 años dice haber
    presentado “todos los certificados de alergia” que tiene para que en su
    casa “no fumiguen sino que echen el liquidito ese que ponen en los
    lugares de nivel”, asegura. La anciana se encuentra también bajo
    tratamiento de neumología por problemas respiratorios que se agravan en
    contacto con productos químicos.

    “Los días que fumigan no puedo ni dormir”, comenta. “Sigo abriéndoles la
    puerta porque, ¿qué voy a hacer? Con mi pensión no puedo pagar ni una
    multa”.

    Source: La Habana tose y se rasca –
    www.14ymedio.com/sociedad/Habana-tose-rasca_0_1975602425.html

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