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    Dengue y ahora zika y chikungunya
    junio 14, 2016 6:38 pm por Frank Cosme

    Santos Suárez, La Habana, Frank Cosme, (PD) Cuatro años atrás, en
    septiembre del 2012, publiqué en este mismo semanario el artículo
    Baches, salideros, mosquitos y dengue.

    Sobre este asunto, he observado en este casi un lustro, que como en el
    cuento del cornudo, siguen botando el sofá.

    En un reciente artículo de Granma de abril pasado, se da cuenta de la
    situación existente en la provincia de Villa-Clara con el ya archifamoso
    transmisor de epidemias, el mosquito Aedes Aegypti.

    Ciertamente, este territorio es el que parece tener más horas de vuelo
    de estos bichos en Cuba, pues tiene el índice mayor de infestación,
    según informaron funcionarios del MINSAP a Granma.

    Las causas, según estos versados son, los alcantarillados y acueductos
    viejos y deteriorados, y que el 80% de los focos se encuentran en las
    casas, porque allí se guarda el agua en recipientes.

    También explican que a causa de estos vetustos acueductos y
    alcantarillados se pierde un 45% del agua en salideros y que un 20%
    (casi la mitad) se pierde también en las casas, debido a las llaves y
    las tuberías en mal estado.

    En otras palabras, es la población la culpable de esta situación que ha
    existido y existe actualmente en nuestro país.

    Los que son un poco más viejos recordarán la primera epidemia de
    dengue de nuestro país, que ocurrió en La Habana a finales de los años 70.

    Es difícil olvidar aquella epidemia. Fui uno de los afectados. Durante
    una semana tuve dolores en las articulaciones y músculos, como si me
    hubiera caído rodando por las escaleras del Capitolio.

    Hasta esos años, el único dengue que se conocía en Cuba era el
    estrepitoso ritmo creado por Pérez Prado. Hoy han transcurrido casi 40
    años y las justificaciones y explicaciones del MINSAP siguen siendo las
    mismas.

    ¿Cómo se introdujo el dengue en Cuba? De la misma manera en que se han
    introducido otras dos enfermedades en estos últimos tiempos: el zika y
    chikungunya.

    Esta última, también conocida como “artritis epidémica” y antiguamente
    como fiebre del “pollo de Guinea o chickengunya”, de donde se derivó el
    actual nombre, se las trae, al igual que el dengue hemorrágico: resulta
    algo peligrosa en las personas mayores con patologías afines.

    Con una sintomatología parecida al dengue, los dolores articulares
    quedan como secuela, pues no existe un tratamiento curativo, según la
    revista Science y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es endémica
    en África, y ha habido brotes en las islas Comores, en el Océano
    Pacífico, y Reunión, en el Índico, y hasta en Ravena, Italia, y el
    sureste de Francia.

    Si los llamados internacionalistas que prestan sus servicios hasta en la
    Conchinchina no se someten a una cuarentena antes de entrar en el
    territorio nacional, ese individuo es una bomba de tiempo que puede
    generar una epidemia, que como la del dengue, no ha podido ser
    erradicada. Y he precisado cuarentena, no examen médico, porque los
    síntomas de estas infecciones tardan en aparecer, aun cuando el
    individuo esté contagiado.

    Por los propios informes de los medios nacionales, la detección de estos
    infectados es en Cuba y no en los países de los cuales provienen,
    teniendo personal médico y hospitales en los mismos.

    Así que seguiremos con el mismo problema de antaño, primero porque no se
    detecta al individuo portador antes de que llegue a Cuba, y segundo,
    porque tal parece también que heredan de generación en generación las
    mismas justificaciones.

    Ni el 80 % de los focos se encuentran en las casas, ni el 20% de los
    salideros ocurre dentro de las mismas. Estos porcentajes apuntan a que
    la población cubana está compuesta en su gran mayoría de anormales, que
    conociendo el problema, no tapan los depósitos de agua y nadan dentro de
    los salideros de sus casas.

    El mayor por ciento de esos salideros va a parar a los baches, aquí es
    donde se deposita el agua y no en las casas, y la única forma de
    taparlos es arreglar las calles.

    Sobre este asunto, se justifican alegando que es un problema
    subjetivo, cuando la realidad es que esto es tan objetivo como comer
    cuando se tiene hambre.

    Los propios “expertos” del MINSAP se contradicen cuando afirman que
    estos mosquitos depositan sus huevos en agua limpia.

    Los salideros llenan los baches de agua limpia y aunque no hubiera
    salideros, ¿acaso el agua de lluvia es sucia? Estas aguas, de salideros
    o de lluvia, permanecen indefinidamente en los mismos.

    Todos saben cabalmente que en los barrios aledaños a las ciudades y
    fuera de la periferia turística, los baches son ya prehistóricos, se
    pierden en el tiempo y forman parte del entorno.

    Solo se inspeccionan las casas. ¿Y los baches? ¡Ah, eso es un problema
    subjetivo! Ahí no hay cría de mosquitos, el agua limpia se ensucia y los
    mosquitos no procrean en esa agua.

    En las ciénagas y pantanos, lugares de aguas estancadas, descompuestas y
    fétidas, y donde más abundan los mosquitos en cualquier lugar del mundo,
    al parecer, siguiendo el criterio de estos expertos, los mosquitos no se
    reproducen porque es agua sucia.

    Recientemente falleció Héctor Zumbado, que no sé si clasificarlo como
    profeta humorista o humorista profeta. Cada vez que tengo ocasión pongo
    un ejemplo de sus cuentos, porque con su agudo humor, también nos
    alertaba de situaciones que hoy como en tiempos pasados, no quieren ver
    los peores ciegos que existen, que son los que no quieren ver, aunque
    les muestren los hechos y las evidencias.

    Termino el artículo con un fragmento del cuento de Zumbado El bache, que
    es tan actual como cuando fue publicado hace tres décadas, en 1985, y
    dirigido especialmente a los desmemoriados y a estos ciegos de marras:

    “En los baches hay todo un tratado de Geometría. Los hay redondos,
    cuadrados, oblongos. ¿Y la profundidad? Los hay pequeños, donde solo
    cabe un zapato, y los hay donde se hunde la rueda de un carro, ideales
    para romper un eje, y están también los macro-baches donde caen los Fiat
    polacos y no pueden salír. ¿Y qué me dicen de los baches infantiles?
    ¿Baches infantiles? Sí, esos que son zangandongos y cuando llueve los
    niños los usan de piscinas”.

    glofran864@gmail.com; Frank Cosme

    Source: Dengue y ahora zika y chikungunya | Primavera Digital –
    primaveradigital.net/dengue-y-ahora-zika-y-chikungunya/

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