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    ¡Culpables!
    YOANI SÁNCHEZ, La Habana | Julio 20, 2016

    A principios de este año el mal lo encarnaban los intermediarios,
    señalados como culpables de los altos precios en los alimentos del
    mercado agrícola. A finales de 2013, las bestias negras habían sido los
    comerciantes por cuenta propia que vendían ropa y mercancía importadas.
    En febrero de 2016, la guerra contra los carretilleros entraba en su
    apogeo y, en la actualidad, el enemigo conduce un taxi colectivo y su
    nombre popular es botero.

    Si algo ha caracterizado al sistema cubano de los últimos 57 años es su
    habilidad para encontrar un chivo expiatorio. Cuando los planes
    agrícolas no se cumplen la culpa es de la sequía, la indisciplina de los
    trabajadores o la mala organización dictada por algún burócrata de baja
    jerarquía. Si comienza la época de fuertes precipitaciones, entonces el
    suministro de agua se mantiene inestable en poblados y ciudades debido a
    que “la lluvia no está cayendo donde debe”, como explicaba en recientes
    declaraciones una funcionaria del Instituto Nacional de Recursos
    Hidráulicos (INRH).

    El transporte urbano no funciona bien debido al “vandalismo” y porque
    “la población no le brinda el trato que merecen estos equipos”, nos
    explican. Mientras, la mayoría de los accidentes en la vía son a causa
    de “imprudencias de los choferes” y no por el mal estado de carreteras y
    caminos, la pésima señalización o los inventos que deben hacer los
    conductores para mantener funcionando sus caducados vehículos.

    El dedo índice del poder se dirige en muchas direcciones para acusar a
    otros, pero nunca se gira hacia sí mismo. De vez en cuando, para mostrar
    cierto tono de autocrítica, la emprende contra los propios militantes
    del Partido Comunista y los acusa de no emitir sus opiniones “en el
    lugar y el momento oportuno” o hace a algún ministro pagar los platos
    rotos de las fallidas políticas de Salud Pública, Educación u otro sector.

    Los ciudadanos somos los principales culpables, según nos advierte la
    televisión oficial, de la presencia del Aedes aegypti que desde hace
    años no cede ni a fumigaciones ni a campañas. En nuestras casas se
    encuentran “los principales focos” del mosquito, nos espetan en la
    prensa, como si las entidades estatales y gubernamentales fueran
    impolutos reductos de limpieza y orden.

    También la emigración es un pecado nuestro, porque vamos en busca de
    “cantos de sirenas” y nos dejamos caer “en manos de coyotes”, aclara el
    discurso castrista. Para ese guion que siempre reparte la carga en
    terceros, los migrantes que protestaron frente a la embajada cubana en
    Ecuador, estaban “haciendo méritos” frente a Estados Unidos y algunos de
    ellos, una vez instalados en el vecino del norte, terminarán enviando
    “fondos ilícitos” a sus parientes en la Isla para que sostengan un
    negocio privado.

    Los más cómodos de encontrar son los enemigos externos, como el
    imperialismo, “el criminal bloqueo estadounidense”, las conspiraciones
    “de la derecha latinoamericana” y hasta la “traición histórica” de los
    viejos camaradas de Europa del Este, un espantapájaros para infundir
    miedo, al que se acompaña de los satanizados “contrarrevolucionarios”
    del patio, señalados con todos los insultos que la grosera maquinaria
    gubernamental ha creado en casi seis décadas.

    Si faltan productos en los estantes de los mercados, los reportajes
    televisivos acusan a los “acaparadores”. Si una frutabomba ha llegado a
    costar el salario de todo un día de un profesional se debe a “la falta
    de escrúpulos” de quienes se quieren “lucrar a costa del pueblo”, nos
    dicen desde la pantalla chica. En ese reparto de culpas, todos hemos
    sido alguna vez colocados en el centro de las imputaciones.

    Ahora, el aparato propagandístico gubernamental la emprende contra los
    conductores de taxis colectivos, pero mañana podrían ser los
    propietarios de restaurantes privados, los maestros que brindan repasos
    particulares o los aguadores que venden su preciada mercancía en los
    barrios donde las tuberías están secas desde hace semanas.

    Siempre habrá un “malhechor”, un “irresponsable” o un “enemigo” que hace
    que el sistema no pueda funcionar en toda su gran humanidad de manual,
    su nunca probada eficiencia y su supuesta capacidad, aún por demostrar,
    de hacer felices a los cubanos.

    Sin embargo, la estrategia de culpar a otros, por oleadas y en cuotas
    programadas, tiene un punto débil. Llega un momento en que los culpables
    son más que los acusadores. Hay un segundo en que, del lado de acá, de
    los estigmatizados coincidimos balseros, disidentes, carretilleros,
    cuentapropistas, boteros, ministros defenestrados y vilipendiados
    mercaderes de baratijas. En ese punto, en el que estamos hace mucho
    tiempo, tenemos todo el derecho de dirigir nuestro índice hacia ese
    sistema que nos ha condenado al perenne banquillo de los acusados.

    Source: ¡Culpables! –
    www.14ymedio.com/opinion/Culpables_0_2038596128.html

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