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    ¿Cuándo reivindicará Cuba a los homosexuales?
    El Gobierno sigue sin pedir perdón a toda una comunidad cuyos derechos
    fueron y son pisoteados
    Viernes, marzo 31, 2017 | Jorge Ángel Pérez

    LA HABANA, Cuba.- Heinz Scmitz, un alemán de 73 años, se enteró hace
    unos días de que estaba por recibir una indemnización de tres mil euros,
    y que con ello el gobierno intentaría resarcir los daños que le causaron
    tras encarcelarlo, durante seis meses, cuando le fue probado que
    mantenía relaciones sexuales con otro hombre. Heinz dice estar muy
    nervioso y a la vez feliz, y supone que el desagravio está siendo muy
    bien recibido por la comunidad homosexual alemana.

    Este hombre cumplió una condena que lo privó de libertad, durante seis
    meses, en un correccional para menores: entonces no había cumplido los
    18 años. Los encargados de castigar a los homosexuales en ese país se
    apoyaron en la Ley 175 del Código Penal, ese que también fue usado por
    los nazis para condenar la “pederastia”, tras endurecer un código que
    estuvo vigente desde la creación del imperio alemán en 1871. Ahora, los
    perjudicados recibirán, además de los tres mil euros, otros 1 500 por
    cada año vivido en prisión.

    Sin dudas esta es una gran noticia para los miles de gays que sufrieron
    condenas en ese país, y en todo el mundo. ¿Quién lo hubiera pensado en
    el siglo XIX? En ese siglo en el que aparecieron aquellos escritos de
    Heinrich Solí, Károly María Kertbeny y Heinrich Ulrichs, que
    pretendieron legitimar los derechos de esa comunidad. ¿Qué diría hoy
    Magnus Hirschfeld, creador de un importante movimiento homosexual en el
    Berlín de 1897, si se enterara?

    Sin dudas serían muchos de aquellos los que habrían asaltado ahora las
    calles de todo el país, para celebrar, para recordar a los muertos que
    no consiguieron legitimar su sexualidad, y que jamás recibieron alguna
    indemnización, pero también serían muchos los que a esta hora estarían
    rabiando, gritando improperios; y entre estos últimos se podría
    mencionar a los fundadores del Comunismo Científico.

    Confieso que me gustaría hacer un ejercicio de imaginación, cerrar los
    ojos y suponer la perreta de Marx, y hasta la de Engels, cuando
    descubrieran el entusiasmo reivindicatorio de esos varones alemanes que
    se deleitan con el cuerpo de sus semejantes. Puedo suponer la rabia, los
    horrores que dirían esos dos comunistas alemanes a quienes no les
    parecía nada bien que un hombre le diera la espalda, y el “hollito de
    atrás” a alguien con idéntica anatomía.

    Y quien lo dude que recuerde, o sencillamente que se entere, de la
    picazón que les provocara a Marx y Engels el libro de Ulrich que abogaba
    por la eliminación de las leyes contra los homosexuales. Y quien no lo
    crea que hurgue en una carta fechada en 1869, y en la que Karl escribe a
    su amigo Federico para que le devuelva el libro que le había prestado
    Strohn, otro comunista germano, y en la que dice que el tal Strohn
    estaba a punto de regresar a Bradford, y que quería que le devolviera el
    “Urnings”, “o como quiera que se llame el libro del pederasta”.

    Así fue que escribió Karl Marx a Federico Engels, así llamó a este
    Ulrich, de quien se dice que fue el primero en hacer una gran salida del
    armario en el mundo moderno. Creo que hoy nadie se atrevería a negar el
    tono homofóbico de la susodicha cartita de Carlos a Federico. Ellos, los
    perpetradores del comunismo, ya conocían ese término que sirvió para
    hacer definiciones, porque fue allí, en Alemania, donde primero se usó
    la palabra homosexual, y fue Berlín la ciudad rosa que abrió las puertas
    a los “pervertidos”. Berlín era una ciudad en la que, como observaría
    Strendberg, los hombres bailaban con los hombres “de forma melancólica y
    tremendamente seria”. Esa ciudad, esas costumbres, fueron rechazadas por
    los nazis con Hitler al frente, y lo mismo sucedió en Rusia, después de
    que los bolcheviques atacaran el Palacio de invierno, y así sucedería en
    Praga, en Sofía, y en la católica y comunista Polonia.

    Ese mismo odio fue aceptado y reproducido por aquellos gobiernos que
    “creían” defender al proletario, y esos trabajadores no podían gozar de
    esa manera impúdica y pervertida. Esos gobiernos reprodujeron la
    homofobia anterior, y fueron todavía más duros, y esa herencia llegó al
    caribe, a Cuba, en 1959, donde en fecha muy temprana, aquella
    “revolución” creó campos de concentración para recluir a los
    “desviados”, de manera idéntica a como lo hiciera antes Mussolini en
    algunas islas del sur italiano. Y no dudo que el Gobierno cubano
    creyera, como Benito, que ese era un “vicio importado”, que esos
    viciosos llegaban desde otras geografías.

    Quizá fue por eso Allen Ginsberg, el poeta norteamericano de la “beat
    generation”, fuera obligado a poner pies en polvorosa, quizá esa fue la
    razón por la que lo obligaron a abordar un avión que lo llevó hasta
    Praga. El poeta era un mal ejemplo para el “hombre nuevo” cubano. Así
    iban las cosas, y por eso decidieron concentrar a esa “bochornosa
    especie” en las UMAP. Allí esos “hombrecitos de mentira” fueron
    obligados a hacer trabajos forzados que debían corregir sus lánguidas
    maneras. Camagüey y sus Unidades Militares de Apoyo a la Producción
    (UMAP) serían lo mismo que aquellas desoladas islas italianas que
    recibieron a muchachos sacados de sus casas en Venecia o Roma para
    apartarlos del vicio y el pecado.

    Camagüey, y las UMAP fueron un proyecto idéntico a aquel que acogiera a
    cientos de homosexuales en la isla de Lampedusa y en la de Fabignana o
    en esa que tiene Ustica por nombre, y que se yergue sobre el mar
    Tirreno. Ninguna diferencia hubo entre los procedimientos de Mussolini y
    los del gobierno “revolucionario” cubano. Solo que en Italia las cosas
    ya no son iguales, y esos muchachos “débiles y buenos para nada” han
    conseguido un montón de reivindicaciones, mientras los cubanos esperan
    todavía por las disculpas que debieron recibir hace ya mucho.

    En Cuba es imprudente pensar en indemnizaciones. Solo suponerlo
    parecería una broma de mal gusto. Aquí ni siquiera se proyecta una
    disculpa. En Cuba persisten las redadas que obligan a muchos gays a
    dormir toda una noche en una estación de policía. En Cuba, ahora mismo,
    ese “pecado nefando” es usado, comúnmente, para el chantaje. En esta
    isla cuando el homosexual es disidente, es, muchas veces, presa más que
    fácil. Alguna vez supe de uno a quien la Seguridad del Estado consiguió
    filmarlo en ese instante en el que recibía “ofrenda de varón” y, ni
    cortos ni perezosos, le mostraron sus armas.

    A aquel hombre le exigieron que abandonara la disidencia o su mujer lo
    vería mientras era “ensartado” por otro hombre, y hasta sus hijos iban a
    enterarse de sus perversiones. Y se cuenta que procedimientos idénticos
    eran escogidos si detectaban que algún jefazo tenía aquel “fallito”.
    Ellos esperaban el momento justo, y si algún día su fidelidad se
    resentía, ahí mismo sacaban las pruebas. Así procedieron cada vez, y
    nunca se inmutaron cuando algún joven no soportaba tanta vejación y se
    decidía entonces por el suicidio.

    ¿Matrimonio entre homosexuales? No, eso no, porque como dice Mariela
    Castro, ya eso existe en otras partes y a los cubanos no les gustan las
    imitaciones. ¿Reivindicar, pedir perdón? ¿Y eso pa’ qué? Eso no va con
    nosotros. Ese procedimiento es más cercano a la reina de Inglaterra, y
    nosotros estamos bien lejos de las monarquías, nosotros somos
    socialistas y pa’lante y pa’lante, y al que no le guste… que aguante y
    que aguante. Allá Isabel si se decidió por un edicto que exoneraba a
    Turing, aquel que fue padre de la computación, de todos los cargos en su
    contra, incluso aquel que lo condenó por homosexual.

    En Cuba, al parecer no hace falta pedir disculpas, porque suponen que
    este es, únicamente, un país de machos y para machos. Este país no tiene
    que hacer imitaciones. Pedir perdón es cosa de YouTube, que decidió
    excusarse porque antes estuvieron escondiendo videos con contenido
    LGBTI. “Aquí no se pide perdón”. En Cuba se dice: “No me da la gana que
    se vea Santa y Andrés”. Así de simple. Este gobierno no cree que tenga
    que dar razones a “blandengues y homosexuales”. Y hasta puedo
    imaginarlos asegurando que eso está bien para Alemania, porque a fin de
    cuentas fue un alemán quien inventó la palabra homosexual, fue Berlín
    quien los acogía con los brazos abiertos, y como si fuera poco tuvieron
    a un Guillermo II de “dudosas preferencias sexuales”. No creo que en
    este país el gobierno esté dispuesto a ofrecer disculpa alguna, quizá
    porque crean que un ejército formado por machos barbudos, decidió hace
    ya mucho quienes le servían, y quienes no.

    Source: ¿Cuándo reivindicará Cuba a los homosexuales? CubanetCubanet –
    www.cubanet.org/opiniones/cuando-reivindicara-cuba-los-homosexuales/

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